En mi entrega anterior les contaba lo que significa para un chilango reajustar el chip al llegar a tierras guerrerenses. Pero si rascamos un poco más allá de la superficie de las palabras, nos topamos con una realidad fascinante: cambiar nuestra forma de hablar no es solo un truco de supervivencia social. La adaptación cultural y el lenguaje están conectados por hilos invisibles que tocan lo más profundo de nuestra mente, nuestra salud emocional y la forma en que construimos quiénes somos. Como profesor de gramática, tiendo a ver el idioma como un mapa de carreteras; pero como migrante interno en mi propio país, he aprendido que modificar ese mapa altera también la geografía de nuestro cerebro. ¿Qué pasa por nuestra cabeza cuando el entorno nos obliga a cambiar las palabras con las que hemos nombrado al mundo toda la vida?
Crónicas culturales y lingüísticas desde la perspectiva de un chilango viviendo en provincia. Lenguaje, jerga mexicana y reflexiones del autor, Javier Torres Aguilar, profesor de gramática y español ELE